Nota: lean a Brenda Navarro. Lean Casas vacías. Luego, si lo desean, pueden ver mi comentario.
Uno llega a las lecturas por distintos caminos, quienes estudiamos, pudimos vernos forzados a leer por disciplina, por cubrir los temas en una asignatura; sin embargo, no deja de ser una elección nuestra.
También recibimos educación en nuestras casas, había libros o enciclopedias disponibles, El libro semanal descansando en la mesita de noche de mamá. O nada. También son posibles las casas sin libros.
Estoy casi seguro que llegué a Casas vacías por Twitter, y que intenté leerla en ese periodo de gracia en que estuvo disponible en digital, sin embargo no es lo mío. Así que agradezco que Sexto Piso se haya aventurado a apostar por una escritora con una propuesta literaria muy interesante.

Hace poco le obsequié a la Lizbeth Un cuarto propio, había leído algo sobre él y hojeado alguna de sus páginas, pero fue gracias a la lectura de ella, a sus reflexiones sobre lo que iba leyendo, que he logrado reforzar un poco aquello que se me escapa.
Ese periplo de leer mujeres lleva ya un rato, y sí, reconozco que mi aproximación es así: las leo porque son mujeres. Como también he buscado leer a quienes se identifican en algún espectro del LGBTTTIQ; traducciones de lenguas indígenas o de otras latitudes.
Y este recorrido ha estado lleno de muchos aprendizajes, de muchos velos que han ido cayendo de mis ojos, de conversaciones que ahora me siento capaz de comprender un poco mejor.
Aún sigo en ese proyecto, aún sigo aprendiendo y cometiendo equivocaciones.
Casa vacías me llevó a otro rubro, uno que ya había vislumbrado en Contra los hijos, de mi admiradísima Lina Meruane: la maternidad.
A lo largo de mis 40 años, he tenido varias relaciones; a los 19 embaracé a la mamá de Emilia, y mi percepción de la maternidad, y de la paternidad, está determinada por ese Big Bang.
Brenda Navarro me habla desde un punto muy extraño para mí, la búsqueda de la maternidad a toda costa, y una “ausencia forzada de maternidad”, un hurto de maternidad: una vez que eres madre/padre, ¿dejas de serlo en algún momento?
Lo que hace enorme el trabajo literario de Brenda, es su capacidad para contraponer dos perspectivas del ser mujer, de la maternidad como aspiración, pero también como obstáculo, como impedimento, de la realización de la mujer como ser dentro de una visión encorsetada de la norma, de lo que debe ser ser mujer; y hacerlo de una manera soberbia para hilvanar una construcción narrativa que envuelve y que engarza la historia, mostrando y contando solo lo necesario.
Algo que agradezco mucho es que gracias a libros como Casa vacías también puedo volver a cuestionarme mi lugar, mi espacio, mi tiempo; el poder de mis palabras, de mis acciones, siento que he vivido rodeado de mujeres y a todas de alguna manera he invisibilizado.
¿Cómo hablar de los desaparecidos desde una perspectiva distinta? Parece que Brenda responde a esta pregunta con una novela brutal sobre la deconstrucción del ser madre, del ser hija.
Recientemente viví una separación, y si algo alcanzaba a imaginar, era que ella podía estar librando otras batallas internas, otros descubrimientos, que ella se enfrentaba a unas preguntas a las que yo nunca podré enfrentarme. Y con ello en mente, traté de aprovechar la situación para aprender todo lo que podía, para esbozar respuestas intentando infringir el menor daño posible.
El dicho dice: “ninguno escarmienta en cabeza ajena”, pero si has leído a Nassim Taleb, podrás reconocer que seguirías siendo un idiota si no aprendes a aprender de lo que saben los demás, de lo que te cuentan los demás.
La Lizbeth y yo platicamos, quiero creer que mucho, quiero creer que no siempre son pláticas cómodas, no todas lo tienen que ser, como no todas las lecturas tampoco lo son: Casas vacías incomoda, pero así es cómo creo que debiera ser, se trata de que no salgas indemne de su lectura.

Algo como el Nanette, de Hannah Gadsby: se trata de que leamos y escuchemos a aquellas a quienes sistemáticamente hemos ignorado y para quienes construimos una visión del mundo en la cual domine la mirada machista y misógina que nos privilegia a los hombres.
La conversación que Brenda logra abrir con sus casas vacías es una necesaria, una urgente, una que nos exige poner toda nuestra atención y saber escuchar.


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