El tipo de libros al que difícilmente hubiera llegado por mi cuenta. Sobre todo por el sello ese de «bestseller» en la portada.
A menos que hubiera visto el blurb de Vollmann, aunque cada día desconfío más de esas frases y comentarios hechos por autores a los que admiro.
Como cuando leí completo el comentario de David Foster Wallace a la novela de Siri Hustvedt The Blindfold, un tanto críptico y evasivo lo que escribió DFW, encubriendo un poco que, quizá, había cosas que no le gustaron; sin embargo, a mí la novela terminó fascinándome.
All the Light We Cannot See: prefiero su título original, porque dejar fuera el “all” y el “we” se me hace imperdonable una vez terminado de leer la novela.
Por medio de capítulos breves, Doerr logra que nos compenetremos con las historias de los protagonistas de la novela: Marie-Laure, una niña ciega que es llevada por su padre a la ciudad de Saint-Malo cuando los alemanes invaden París, durante la Segunda Guerra Mundial; y Werner, un huérfano que termina reclutado por las Juventudes Hitlerianas.
El personaje de Marie-Laure es de los más bellos que pueda recordar en la historia de la literatura, un gran “logro”, si me lo preguntan.
Doerr logra con maestría escribir un libro que a la vez que entretiene y narra una buena historia, profundiza en temas como la comunicación, el papel de la historia, la ciencia y la tecnología en los conflictos bélicos; la vida como una red compleja de acontecimientos y decisiones individuales que terminan impactando en lo colectivo.
No todas las decisiones que tomemos en la vida serán acertadas: serán decisiones y punto, y algunas nos ayudarán o llevarán por un camino que mejor se ajuste a nuestra comodidad y paz mental; otras no, otras nos llevan a lugares incómodos, injustos, oscuros; sin embargo, la actitud que tomemos ante esos resultados definirá la experiencia que tengamos en nuestras vidas.
Aunque en ocasiones me hastiaba un poco este maniqueísmo de dividir en “buenos” y “malos” a algunos de los personajes de la novela, en ocasiones algunos de ellos lograban salvarse a esta taxonomía, como el tío de Marie-Laure, Etienne, o Frank “the Giant” Volkheimer, personajes más cercanos a un realismo real.
La novela es una cátedra de escritura, un excelente ejemplo de cómo “mostrar” y narrar antes que gastarse en descripciones superficiales de los acontecimientos, o en banalidades naturalistas sobre el entorno; Doerr tiene la precisión de saber hasta dónde llegan las descripciones necesarias para llorar que la atmósfera y la ambientación sean un elemento de relevancia a la historia.
Y vaya que debió cuidar esto, ya que Marie-Laure, al ser ciega, pudo justificar una marea inmensa de descripciones y detalles innecesarios.
Un buen libro que da para platicar con los amigos, para retomar discusiones no solo sobre la Segunda Guerra Mundial o la satanización del nazismo, sino además, del papel que jugó el interés del progreso científico y cómo este responde a agendas ideológicas que pueden ser muy dañinas para otros grupos de personas que piensen distinto.


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