¿Queda algo de bondad en todo este baluarte en ruinas?
Anthony Doerr, La luz que no puedes ver
Coincidir con Li en este último año, ha sido un aprendizaje y crecimiento increíbles, compartir lecturas, ver películas y series, discutir todos los temas que nos interesan, convivir día a día, compartir experiencias y puntos de vista.
Un día, Li preguntó que si había visto la serie de Chernóbil o que si me interesaría verla; y le respondí que por supuesto que sí quería verla.
Creo que no nos llevó mucho darle fin, y con el aura de la miniserie y leyendo la entrada en Wikipedia de la misma, me enteré que estaba basada loosely en este libro de Alexiévich. Esto lo leí en la oficina, a un episodio de terminar la miniserie, así que al volver al depa, fui directo al librero y lo saqué con la intención de darle una hojeada.
Una decena de páginas después, simplemente no podía soltarlo.
La serie es buena, muy buena, permite al espectador irse formulando las preguntas, pero el libro es brutal, frontal y violento, compasivo y reflexivo. Es un puñado de humanidad vuelto tinta sobre papel.
«Y me estoy destruyendo con esta incapacidad de comprender. Porque no reconozco este mundo».
Piotr S, psicólogo (p. 61).
Mientras leía el libro y comprendía con más detalle el horror que significó para la humanidad este acontecimiento, no paraba de preguntarme cómo demonios no es algo que me hayan explicado mejor durante la escuela.
Esto sucedió en 1986, y me queda más que claro que no fue algo que vio la luz cabalmente hasta muchos años después, sin embargo, ¿por qué diablos no es algo más difundido?
Hay dos “críticas” feroces que plantea este libro testimonial: el cuestionar la ciencia y el espejismo del progreso, pero al mismo tiempo, la “visión” humanista de la vida. Y con ello encuentro puentes que comunican con las mismas críticas que viene haciendo John Gray desde hace ya varios años.
Creo que sí fue importante que Svetlana obtuviera el Premio Nobel de Literatura, puesto que puso en el mapa a un mundo más amplio de personas su obra, que en palabras de Alfred Nobel, es un premio que debe entregarse a una autora (o autor) que «produced the most outstanding work in an idealistic direction».
No estoy tan seguro de qué quería decir Nobel con idealistic, aunque seguro es un producto de su época y de lo que lo orilló a crear los premios en primer lugar; pero Svetlana dista mucho de ser idealista, al menos no me lo parece en esta obra, que es la única que he leído de ella.
En uno de los testimonios se plantea la disyuntiva sobre cómo se puede pensar en la eternidad cuando se tiene que pensar en el pan de cada día, y siento que “eso” es un papel importante de la literatura, de la filosofía: cómo pensar en esto último cuando el día a día se va en sobrevivir.
¿Cómo responder a la pregunta de quiénes somos? ¿Qué es para nosotros la vida? «¿Qué hemos entendido de nosotros mismos? De nuestro mundo». (Guenadi Grushevoi, p. 219)
Es un libro duro, las voces y sus matices son plasmados en dos dimensiones, pero con una profundidad que hace eco en el lector, no hay manera de leer esto y salir indemne, sin alguna abolladura emocional, sin un vacío alimentado por la incomprensión de lo amplio que puede ser el comportamiento humano.
Definitivamente un libro que es necesario leer, y releer y estudiar. Definitivamente una autora que merece premios, reconocimientos y difusión.
No sé qué estés leyendo últimamente, pero te recomiendo que te hagas de este libro cuanto antes y te sumerjas en él.


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