El nombre del mundo es Bosque

Esta breve novela de Ursula K. Le Guin, El nombre del mundo es Bosque, me pareció magnífica, desde su muy ingeniosa estructura que para nada rompe con el fluir de la narración, hasta la voz que le da a cada pesonaje, dotándolo de autonomía y de matices propios que permiten al lector acercarse a las ideas que encierran cada uno de ellos, casi sin prejuicios, quiero decir, hay quien podría compaginar con la manera de entender el mundo del capitán Don Davidson.

Cualquiera que haya visto la película de Avatar (James Cameron, 2009) podrá encontrar muchos puntos de encuentro con esta novela, sin que se resten mérito entre ellas, las dos se ciernen sobre una crítica a la colonización e invasión y explotación de “otra tierra”, ya sea planetaria o “local”. La novela de Le Guin fue publicada en 1972, así que el trasunto de la época bien podría haber sido la Guerra de Vietnam.

Para quienes dedicamos una buena parte del día leyendo, estudiando, investigando; indagando acerca de lo que creemos comprender, cuestionando las afirmaciones hechas con seguridad por personas que podemos considerar autoridades en equis o zeta tema, puede ser muy fácil terminar identificándose con uno de los personajes de esta novela, y casando a otros con personas que conocemos en el mundo “real”.

En mi caso, la identificación fue con Raj Lyubov, el antropólogo de la colonia; y es muy complicado para mi describir la ofuscación que puede reinar cuando notas que alguien tiene razón en algo y nadie le presta atención, o es ignorado o no le creen, o relativizan cualquier conociemiento que desee compartir.

Es como leer los tuits de Nassim Taleb llamando “fucking idiot” a medio mundo en Twitter. Hay que conocer la obra de Taleb, y su pensamiento, para que hagan sentido esas palabra, que ni siquiera tienen la intención de ser un insulto, sino una descripción precisa de la persona a la que se lo dice.

Estos personajes y personas terminan adoptando, algunas veces, esta ridiculizada figura del “profeta”, del “iluminado”,, aquel que ve la verdad oculta, la luz; pero, uno puede entender por qué la desesperación de buscar que los demás entiendan. Algo como el personaje de Jennifer Lawrence como Kate Dibiasky en la reciente Don’t Look Up (Adam McKay, 2021) cuando grita desesperada “We’re all 100% for sure gonna fucking die!”.

Don’t Look Up, dir. Adam McKay, 2021. (Netflix)

Le Guin es más sutil: escribe una novela.

Pero la fuerza está. La crítica severa a la estúpida invención humana de progreso queda clara. Bueno, no solo es exclusiva de “esta” humanidad, porque como nos lo expone Le Guin: hay otras humanidades posibles, y es quizá esto, lo más grandioso de la novela.

Sin entrar en detalles, Le Guin explora en idea otra manera de ser humano, yéndose quizá a un extremo fisiológico, pero utilizándolo de vehículo para plantear una manera distinta de cómo entendemos nuestra existencia.

Incluso, en esta idea alternativa de humanidad, que en la novela son los habitantes de Athshe, podemos leer rasgos similares a los que propone Taleb como propios de la antifragilidad, como un sistema de “gobierno” autónomo uno de otros, entre otras cosas.

Otro autor que estuvo en mi mente durante toda la lectura fue John Gray, tanto que terminando de leer la novela me di a la tarea de comenzar a releer El silencio de los animales.

Y sí, ahí está todo de nuevo: el relato que cita de Joseph Conrad, Una avanzada en el progreso; pero, sobre todo, la épigrafe de Arthtur Koestler con la que inicia el libro, en la cual, Koestler, compara a los “sumamente civilizados simios” con los neandertales, quienes “no era[n] más que un paso atrás en la historia”.

Y de ahí me brinco a ese libro que me sigue hipnotizando, de Emmanuelle Pouydebat, Inteligencia animal: Cabeza de chorlitos y memoria de elefantes, en el cual, esta increíble mujer nos “demuestra” cómo creernos más inteligentes que las demás especies es una tarea inútil y vana y sin fundamento.

Hasta que no nos aceptemos como una especie más dentro de la hipótesis Gaia, seguiremos dando palos de ciego en el universo.

Deja un comentario