Esa extrañeza que nos vulnera

Ansibles, perfildores y otras máquinas de ingenio, de Andrea Chapela, se va directo a mi Olimpo literario.

Los relatos de Andrea logran llegar al nivel de las Crónicas marcianas, de Bradbury, o el ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Dick; por mencionar solo un par de obras que están a la misma altura que este librazo.

Otros autores que me vienen a la mente son Theodore Sturgeon, principalmente con su relato Cuando hay amor, cuando hay interés, o el magnífico Los ojos hacen algo más que ver, de Isaac Asimov.

Lo que busco decir es que la obra de Chapela está a ese nivel de obras de ciencia ficción, con un estilo propio, con una originalidad que solo ella puede brindar a sus cuentos, pero con la sensibilidad de vulnerar al lector con narraciones muy bien construidas, en las cuales hay espacio para las grandes preguntas, para planteamientos profundos que lleven al lector a replantearse la vida como la conocemos.

No solo es contar una historia por contarla, ni tampoco se trata de disfrazar un texto filosófico en un cuento de ideas, no, es hallar un equilibrio en donde la trama se encuentre con algo un poco más allá de la historia, donde se logre una transformación en quien lee, ser uno quien comienza al inicio del relato, y ser él mismo algo ligeramente cambiado hacia el final.

Como los cuentos de Chapela.

Siento que un gran logro de su propuesta es eso: los universos que nos da en los relatos, son algo fácilmente reconocible con nuestra realidad, con la salvedad de uno que otro detalle, sin entrar en cuestiones muy técnicas, nos da mercados de la Ciudad de México en un futuro que son casi iguales a los que conocemos ahora.

Esa extrañeza, esa ligereza de cambios son lo que hacen que su obra nos haga bajar la guardia, nos vulnera, y de pronto, nos atraviesen proyectiles como:

«¿Cuántas veces se puede vivir antes de aceptar que esto es, esto es todo lo que nos tocó vivir, no hay más oportunidades, lo hemos perdido todo, lo hemos sentido todo y ha sido suficiente?»

pág. 184

Releo algunas partes al azar de este libro y se me pone la piel chinita.

El penúltimo de los relatos, La persona que busca no está disponible, es un GRAN relato, no solo de ciencia ficción, es un gran relato, y punto, gracias al cual podemos reflexionar al respecto de la inmortalidad, de lo finito de la vida, de la necesidad de final, del sentido de un final, diría Frank Kermode.

Pero, el último cuento es el que se lleva todas las palmas.

En proceso, es simplemente de los más bellos textos que he leído jamás en mi vida, y no salgo de mi asombro porque, por alguna razón imagino que no fue nada fácil escribirlo, trabajarlo, tallerearlo, de alguna manera siento que hay mucho de la persona que escribe en ese relato, no lo sé, no conozco a Andrea, pero hay una sensibilidad abrumadora, hay una profundidad de sentimientos que logran hacer que me conmueva.

Leyendo este libro de relatos veo como un gran acierto el que hayan seleccionado a Andrea Chapela dentro de “mejores narradores jóvenes en español 2”, de acuerdo con Granta, ya que significa que existe la posibilidad de una mayor difusión de su obra y que traspase más fronteras, lo cual, desde mi punto de vista: lo tiene bien merecido.

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