De Matrix a la neurociencia: Un viaje por Cosas que nunca creerías de Rodrigo Quian Quiroga

Cosas que nunca creerías de Rodrigo Quian Quiroga es un libro que, desde la divulgación científica y las neurociencias, nos invita a reflexionar sobre preguntas fundamentales que han acompañado a la humanidad desde sus orígenes: ¿qué es lo que importa en la vida? ¿Qué nos define como individuos? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia en un universo que parece indiferente a nuestra presencia? Estas preguntas, que pueden parecer abstractas o incluso abrumadoras, son abordadas por Quian Quiroga con una claridad y profundidad que las vuelven accesibles y fascinantes.

Dos citas del libro resuenan particularmente en mí. La primera cuestiona la naturaleza de la identidad y la continuidad del «yo»:

«¿Qué es entonces lo que importa, qué es lo que mantiene la identidad y evita nuestra muerte? Quizás sea la continuidad de la actividad del cerebro, como especuláramos. Sin embargo, esto es un argumento débil, pues en principio parecería no haber gran diferencia entre interrumpir la actividad del cerebro y alterarla de golpe; y la actividad del cerebro cambia dramáticamente, por ejemplo, si sobrevivimos una descarga de alta tensión, una brutal trompada de nocaut o, sin ir más lejos, cada vez que dormimos. Entonces, la gran pregunta es si no estaremos muriendo constantemente, reviviendo en otro Yo que tiene la ilusión de ser el mismo de siempre a partir de compartir una misma memoria» (p. 331).

Esta reflexión me llevó a pensar en cómo la memoria y la conciencia construyen una narrativa de nosotros mismos, una ilusión de continuidad que, en realidad, podría estar fragmentada en múltiples «yoes» que surgen y desaparecen con cada experiencia, cada sueño, cada cambio drástico en nuestra mente.

La segunda cita aborda la muerte no como un final, sino como una fuerza que da sentido a la vida:

«La muerte nos da una urgencia de vivir, le da un sentido a nuestros días. Por más angustia que nos provoque ser conscientes de la fugacidad de nuestro tiempo, la muerte es vida, y en vez de buscar desafiar lo inevitable, quizás sea mejor acostumbrarnos a la idea de que el presente vuela, de que los años pasan para no volver y de que tenemos que disfrutar el tiempo que nos toca vivir, pues tarde o temprano todo acaba en el dulce sueño» (p. 335).

Esta idea me resulta profundamente reconfortante. La finitud de la existencia no es una condena, sino una invitación a vivir con intensidad, a valorar cada momento y a encontrar significado en lo que hacemos, sin necesidad de recurrir a creencias en seres superiores o destinos predeterminados.

Como alguien que lleva años cuestionándose sobre qué es lo que importa en la vida, este libro me ha brindado una coherencia y una explicación científica a muchas de mis inquietudes. Para quienes no creemos en dioses, religiones o razones trascendentales de la existencia, obras como esta son un faro que ilumina el camino. Después de leer Novaceno de James Lovelock, me quedó claro que la humanidad es algo «único», pero no por ello más «importante» que otras especies. Tenemos la capacidad de la conciencia y el lenguaje, pero eso no nos hace superiores, solo diferentes. Esta humildad ante la vida y el universo es algo que Quian Quiroga también transmite en su obra.

En los últimos años, el funcionamiento del cerebro y la mente se han convertido en una de mis mayores curiosidades. ¿Cómo es posible que un órgano tan complejo genere la conciencia, la memoria y esa narrativa interna que llamamos «yo»? Este libro no solo satisface esa curiosidad, sino que la amplía, invitándome a pensar en cómo la mente y la memoria son construcciones que reinventamos cada día.

La muerte, lejos de ser algo que temer, me da paz. Saber que la existencia es finita le da un sentido urgente a la vida, una razón para vivir por vivir, para llenar esta experiencia con lo que más nos haga sentido. Eso sí, siempre respetando a los demás, sin invadir sus espacios, tiempos o decisiones. La falta de respeto y reconocimiento hacia los otros es, en mi opinión, una de las mayores demencias de nuestra especie.

Uno de los aspectos más disfrutables de Cosas que nunca creerías es cómo mezcla la divulgación científica con referencias pop al cine y la literatura. Poder problematizar preguntas profundas a partir de películas como Matrix o Planet of the Apes es sumamente divertido y accesible. Estas obras, que muchos hemos visto, sirven como punto de partida para ahondar en cuestiones sobre la humanidad, la conciencia y la razón de ser. No se trata de preguntarnos si esos mundos ficticios son posibles, sino de entender cómo es posible la vida como la conocemos.

En resumen, Cosas que nunca creerías es un libro necesario, una lectura que combina el rigor científico con la reflexión filosófica y el entretenimiento. Sería ideal que se incluyera en programas de bachillerato o en cursos de tronco común en las universidades, ya que no solo es informativo, sino que también invita a pensar críticamente sobre nosotros mismos y nuestro lugar en el universo. Una obra que, sin duda, recomendaría a cualquiera que busque respuestas —o más preguntas— sobre la vida, la mente y la muerte.

Deja un comentario