Abandona toda esperanza: “Vivir abajo” y el arte de construir infiernos narrativos, de Gustavo Faverón Patriau

Primeramente, quiero expresar que considero injusto el trato que el “mundo literario” (si es que tal cosa existe) le ha dado a esta novela de Faverón; para haber sido publicada en 2019 (hace 6 años) y llevar ya 5 ediciones, siento que no ha hecho el ruido que otras obras han tenido. Sirva un poco mi comentario para buscar que esta obra encuentre más lectores.

¿De qué va Vivir abajo? ¿Recuerdan el famosísimo cuadro de Edvard Munch, El grito? Pues de eso va. Gustavo traduce la experiencia pictórica de ese cuadro expresionista en una novela que abarca varias decenas de años, que cruza fronteras y que multiplica casi en cada página las voces que nos narran el horror en el que se puede sumergir la experiencia de la vida humana.

El protagonista del cuadro de Munch está en un grito perpetuo, y algo similar sucede una vez que comienzas a leer la novela de Faverón: la narración parece no tener fin, parece que entramos en un laberinto del cual no logramos encontrar la salida y del cual es posible que no la haya. No hay esperanza en ninguna de las paredes, en ese enredo de paredes que se levantan frente a nosotros, y muy pronto nos damos cuenta de que es un laberinto techado, ni siquiera la esperanza inútil de ver el cielo; es la noche que nos envuelve, la oscuridad que nos absorbe.

Otras obras que venían a mi mente mientras leía las 665 páginas de esta novela eran libros como Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, o La sinagoga de los iconoclastas, de J. Rodolfo Wilcock; y todavía más percibía los ecos de Historia universal de la infamia, de Borges, Los raros, de Pere Gimferrer, y sobre todo: La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño, de quien Faverón, junto con Edmundo Paz Soldán, editó un libro crítico llamado Bolaño salvaje. Aunque con la aportación de que las biografías de todos los personajes están hilvanadas, es una telaraña de historias en la que nos queda muy claro que Gustavo es la araña y nosotros somos la presa que ha quedado a merced del escritor.

Aunque la sensación también es la de estar leyendo mil y una historias de personajes que están interconectados por más de un hilo, por más de una historia. En ello Gustavo es desmesurado, esperpéntico, brutal. No es satírico casi en ningún momento, no al menos que yo lo haya interpretado así, y ello vuelve de una densidad pantanosa la lectura, aunque en ningún momento pierde velocidad la lectura; bueno, quizá en alguna parte al inicio de la tercera parte, pero sí es de reconocerle a Faverón el excelente trabajo de su escritura. La verdad es que puedes leer la novela en unos cuantos días porque su ritmo es increíble y las historias se engarzan con una artesanía muy bien lograda.

Lo complejo de Vivir abajo es que te sumerge en un mar de inmundicias del que puedes querer salir casi en cualquier momento, no da respiro para detener la lectura, pero llega un momento en que te sientes sumergido en un entramado histórico y narrativo muy grotesco, un espacio y un tiempo donde no hay cura, no hay descanso, donde la demencia parece ser la única moneda de cambio de los personajes: en ningún momento percibí la esperanza como algo que pudiera suceder en este libro.

¿Saben de qué otra obra es deudora? Ajá, de aquella en que aparecen unos versos que advierten que hay que “abandonar toda esperanza si entrás aquí”, y justo eso debería decir en la portada de esta portentosa novela.

Fue gracias a la recomendación de mi querido amigo Esteban que leí esta novela, eso siempre me hace valorar y apreciar distintas obras, saber que simultáneamente, aunque a ritmos distintos y desde lugares diferentes, estoy leyendo y comentando algo que me acerca a alguien que aprecio y valoro.

Lo genial —y lo perturbador— es que nada sobra. Faverón es un relojero sádico que ata cada cabo con precisión inhumanamente perfecta. Y ahí, quizá, está su grandeza y su trampa: la ambición desmedida de abarcarlo todo termina sacrificando profundidad psicológica. Los personajes son vehículos de anécdotas crueles, no seres completos. Pero ¿acaso importa? Este no es un libro sobre personas: es un sistema del mal.

Leo que el año que entra (2026) será traducida al inglés, y creo que ello le puede beneficiar mucho a la difusión de una novela, que si bien no es “perfecta”, ni de mis favoritas, logra con creces aspirar a ser una de Las Grandes Novelas Latinoamericanas de este siglo, una novela que busca abarcar demasiado y casi lo logra, asombrosamente es fácil adivinar que la novela todavía daba para más, me refiero en extensión, en desmesura, sin embargo, esa aspiración termina siendo también su punto débil, siento que pierde en profundidad, las biografías de los personajes que son demasiados se ciñe a apenas un puñado de anécdotas, las más crueles, por cierto, pero en realidad nunca entendemos bien a los personajes, nunca nos adentramos en otras facetas de sus historias, y no que esto tenga que ser necesario, pero se me antoja como un resultado del capricho de querer abarcar tanto.

Vivir abajo es la Divina Comedia sin paraíso, sin purgatorio y sin Virgilio. Solo infierno, en espiral y en español, y si algo tenemos que reconocerle a Faverón es que ha escrito una de las novelas más ambiciosas e incómodas del siglo XXI, fruto de la historia presente, sí; el periodo en que sucede es apenas unos años atrás de nuestro ahora, pero es una visión muy pesimista de la realidad, una visión carente de sentido de vida, de redención. A pesar de todo esto, deseo que más personas lean esta novela y la discutan y la critiquen y la exploren desde otras latitudes.

Gustavo Faverón Patriau tiene bien ganado su lugar en la escena literaria contemporánea y con ello se abre la posibilidad de cuestionar el mundo desde su escritura.

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