Querida Caro:
Coincidir por medio de la literatura siempre me ha parecido algo encantador; coincidir, en este caso en específico, a través de tu literatura, es más que mágico.
“Le agradecí a Nando la revista y la ayuda, y volví a guardarme el libro inentendible en el bolsillo. Mi tesoro”.
Había comenzado a releer tu novela cuando me contactaron de la editorial que la reeditaría. Te juro que creí que lograría terminarla en pocos días, buscando coincidir con una nueva entrada en mi blog para cuando se publicara esta edición. Ahora no recuerdo qué sucedió: el trabajo, el cansancio, ver películas, socializar un poco aquí y allá… la vida misma. El caso es que no terminé la relectura, y pasó el tiempo hasta que me llegó por correspondencia la nueva edición: una chulada.
Muchas veces hacemos lecturas que no comprendemos del todo. O vemos películas, o escuchamos canciones que no podemos entender en lo absoluto porque ignoramos el idioma, pero que aun así nos dicen algo. Nos provocan emociones, sentimientos, añoranzas. Nos transportan sin movernos físicamente. Nos hacen viajar en el tiempo y en el espacio.
El libro que carga Julián, el protagonista de tu novela, lo interpreto como algo que termina convirtiéndose en un amuleto. En un tótem del cual desconocemos si tendrá un sentido más adelante en su historia, aunque adivinamos que así será, porque nada en tu novela es un cabo suelto.
Cuando me contactaron para invitarme a presentar tu libro en la Feria del Libro del Zócalo de este año, me sentí sumamente halagado. Por una confusión mía, asumí que eran las mismas personas que me habían pedido incluir un párrafo de mi comentario en la solapa de la nueva edición. Conocernos antes de la presentación y esclarecer que no había sido así es una anécdota muy linda que guardaré con cariño.
Lo platicamos sobre el escenario: te decía que Adam Claasen me evoca a un Hitchcock, pero más profundamente a un Kieslowski —aunque esto último no lo mencioné frente al público—. Ahora lo releo en las notas que usé para hablar de tu novela, que me sigue pareciendo una joya. Tampoco lo mencioné, pero me recuerda a un Wim Wenders y su manera de mostrar las “ciudades”.
Lo que sí alcancé a decir, buscando enamorar al público e invitarlo a que comprara y leyera tu novela, fue que logras de una manera muy solvente establecer desde las primeras páginas un planteamiento sólido de toda la trama. Dibujas claramente las líneas narrativas: Julián Molina, traductor, asiduo al Dionisio, un “algo” con Daniela, una llamada “misteriosa” con una propuesta interesante. Y a lo largo de la novela se entrecruza la historia de Molina con las tramas de las películas de Claasen.
Claasen se “esconde” detrás de una máscara, quizá buscando, por medio de la creación artística, asir algo que solo sucede allí; algo que añora, que necesita, pero que no logra alcanzar. Construye ciudades móviles para poder llegar a ello sin nunca poder tomarlo. Se le escapa de las manos, de la vista.
En la presentación comencé hablando del concepto de Lindy, que yo aprendí de Nassim Taleb: aquello que logra sobrevivir al paso del tiempo —un libro que ha sido publicado y reeditado por *x* cantidad de años— es posible que vuelva a ser reeditado por esos mismos años más. Como le ha sucedido a tu novela.
También recordé las tesis del cuento de Piglia, y cómo El síndrome de las ciudades hermosas cuenta dos historias: en la superficie está Molina y lo que le sucede, pero bajo el agua se esconden esas ramificaciones de las historias de las películas de Claasen, las subtramas de cada uno de los personajes que vamos conociendo; la búsqueda de los creadores artísticos de “algo más” allá de la historia, la figura mítica de los directores de cine que repiten una y otra vez “la misma película”, porque en las primeras quizá se quedaron cortos o aprendieron algo nuevo de lo que estaban buscando.
Por último —y esto fue otra coincidencia muy bonita—, a mi mente vinieron las seis propuestas para el próximo milenio que trabajó Italo Calvino para dictar como conferencias, y que yo aseguro que coinciden con tu novela punto por punto: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia.
Ya no logramos volver a vernos antes de que regresaras a Uruguay, como te platiqué mientras dabas pequeños sorbos a un cortado (o era un ristretto o un cortado) que no terminaste. En estos momentos de mi vida, el trabajo me rebasa; dentro de este huracán de ocupaciones, conocerte, charlar y hablar sobre tu libro frente a un público muy amable fue un oasis de euforia y felicidad muy hermoso.
Hasta pronto, Caro. Ya volveremos a coincidir. Abrazo fuerte hasta donde estés.
Memo.


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